Ahí vuelve de nuevo. La inspiración, esa invitada que uno debería estar contento de recibir pero que en mi caso siempre trae tormenta bajo en brazo. Fuera llueven horas muertas y silencios ahogados, fruto de ese tiempo que existe solo como interludio entre días demasiado iguales y planos, o bien como pasto para pies de borrachos. Y es en estos momentos en los que el compás de mi cerebro decide a veces despertar y me obliga a entrar aquí a releer esta historia agridulce de subidas y bajadas que es mi diario. Vosotros no lo sabéis, pero cada texto es una fotografía de un hipo que no se quita con sustos baratos. Y cuando entro y lo leo recuerdo aquello que lo produjo y maldigo el origen y el final.
Es difícil ser capaz de hacer introspección cuando sientes que una parte de ti sigue buscando una pieza del puzzle que no es que no encaje, es que se perdió bajo el sofá de la monotonía y el desengaño. Me pregunto si sería capaz de reconocerme de encontrar ese retazo. Si sería posible que al mirarme en el espejo no viera ese hueco que me ha dejado erosionado, si no se verían los bordes de la herida que la pena hs convertido en cicatriz de cartón.
Siento la vida como un laberinto en el que decisión tras decisión acabo tomando lo que creo son atajos cuando en realidad son charcos de fango y trabanquetas. Como un libro de "Elige tu propia aventura" en el que salto de páginas y siempre me aparece el mensaje de FIN sin que tenga la sensación de haber podido elegir mas que el color de mis cordones o la música que me acompaña. Y los libros que me rodean tienen mejores páginas, y las mías amarillean y se acaban rompiendo de tanto pasarlas y pasarlas. El poder de elección de una mota de polvo llevada por la lluvia.
Me deslizo de nuevo en brazos de la noche, que en este tiempo de confesiones ya ha tenido tiempo de esconderse y sumar uno al contador de paraguas rotos de tan solo intentar cogerlos por el mango. Besos. Hasta la próxima foto.
24.8.16
10.1.16
de lo que sea, pero temporal (o de como borrar lineas trazadas con tiza)
Él no entiende de imperativos. Ni de pasados imperfectos. Solo sabe de futuros simples construídos en vías bien asfaltadas. Lo suyo nunca fueron los adoquines, aunque podría escribir durante lustros sobre su origen y composición. Él ama las lineas rectas tras una vida llena de elipses, curvas y parábolas recurrentes. Él está seguro de hasta dónde puede pisar el acelerador aunque odia pisar el freno.
"Me has conocido en un momento extraño de mi vida" como una filosofía estricta y cómoda con la que pasar por este mundo. Y la pesadumbre que otorga esa sensación de "esto ya lo he vivido" y de sentirse muy idiota, mucho, muchísimo, por pensar que todo puede ser diferente.
Y todo es temporal.
"Me has conocido en un momento extraño de mi vida" como una filosofía estricta y cómoda con la que pasar por este mundo. Y la pesadumbre que otorga esa sensación de "esto ya lo he vivido" y de sentirse muy idiota, mucho, muchísimo, por pensar que todo puede ser diferente.
Y todo es temporal.
2.12.15
Daughter - Youth
Sombras y ecos. Parece que todo se reduce a eso: los espacios que quedan vacíos en uno de los lados del armario. El hueco con la forma de una cabeza en la almohada, que duele cuando la miras de reojo desde la otra punta del abismo de la cama. La camiseta encontrada, mal doblada, en el fondo de un cajón donde hubieras jurado que no había nada. El sabor amargo de despedidas mal entendidas y la confusión y la resaca agridulce que surge de palabras que tan solo rellenan espacios entre lo que tu decías y lo que decía yo.
Guitarras, voces y ecos en loop, hablando sobre todo eso y más. Melancolía y sillas vacías donde antes había sonrisas silenciosas y momentos compartidos.
Maldita sea. Canciones que resuenan en mi cabeza, parte 52435.
Guitarras, voces y ecos en loop, hablando sobre todo eso y más. Melancolía y sillas vacías donde antes había sonrisas silenciosas y momentos compartidos.
Maldita sea. Canciones que resuenan en mi cabeza, parte 52435.
1.8.15
el camino del paria.
La tormenta me impulsa a levantarme y a escribir con la fuerza de un tsunami de dolor. Y sentado delante del ordenador vuelvo a acariciar las esquinas de la pena, y vuelvo a echar de menos las inercias y las rutinas que sumadas me hacían un poco más yo. Y busco las piezas del puzzle de la persona que era ayer y paso los días cada vez más convencido de que la última está perdida debajo del sofá del amor propio. He viajado a lugares que jamás debería haber pisado y creo que he olvidado mi lengua materna. Y ahora balbuceo cuando intento describir hasta las cosas más simples. Y dudo cuando intento encontrar el camino de miguitas de pan que dejé hace mucho, mucho tiempo, en el rincón de pensar de dentro de mi craneo. Quizás ese rastro nunca estuvo ahí. Quizás olvidé abrir el paraguas que paraba las dagas. Quizás las piedras del camino me hacen tropezar más que antaño. Quizás los cordones de mis zapatos son más largos y están más enredados de lo que pensaba.
Y mientras los quizás se me acumulan en la vetusta mochila de las experiencias recorro una vez más el camino de subida.
Sigur Rós - Sæglópur (en loop, como toda la música de romperse por dentro)
Y mientras los quizás se me acumulan en la vetusta mochila de las experiencias recorro una vez más el camino de subida.
Sigur Rós - Sæglópur (en loop, como toda la música de romperse por dentro)
3.7.15
deriva
Me desplazo en perpendiculares que cortan en puntos que no tenía calculados. Mi pena es tal que ni unos brazos de gigante a abarcarla llegan. Siento los aromas de lo que podía haber sido y no he podido alcanzar.
Soy un imbécil que jugó a intentar ser feliz y fracasó a media zancada. Y nada de esto parece real.
Soy un imbécil que jugó a intentar ser feliz y fracasó a media zancada. Y nada de esto parece real.
21.6.14
historia de un todo para nada
Esa sensación de estirar el brazo y estar a punto de sujetar y no alcanzar. Esa angustia de peros no solventados, de vacío en el corazón y de posibilidades rotas. Ese momento en que las lineas paralelas parece que se separan y no hay nada que puedas decir o hacer para convertirlas en tangentes. Ese malestar en la boca del estómago y esa tristeza pesada, amarga, que brota de las partes más profundas de tu ser triste que creíste que no saldría jamás. Esos montoncitos de arena que juntaste con diligencia, uno tras otro, para crear castillos que el agua no pudiera arrastrar y que más que de arena parecen hechos de naipes.
Todo para nada?
Todo para nada?
15.4.14
una breve descripción de lo que (más) me gusta de ti
Tu mirada color gris, y azul y verde, que hace arder témpanos de hielo y congela de emoción el corazón ardiendo. Tus mejillas, que me guían hacia un cuello que se me antoja el recodo cóncavo donde podría pasarme horas, tan solo respirando. Tu sonrisa, que brilla con la fuerza de diez soles y me hace querer ser tu planeta, en órbita de veinticuatro horas girando a tu alrededor. Tus labios, su sabor, su textura y todo lo que me dicen sin decir, en besos que son un idioma nuevo que jamás hubiera pensado que sonaba así. Tu piel, cada centímetro de ella, cada pequeña parcela pintada y sin pintar que anuncia una suavidad, un tacto, un sabor, que degustaría sin cesar por toda la eternidad. Tus caricias, tus mimos, que consiguen transformar mis momentos amargos en cenizas que arden y el viento se lleva.
¿Sabes qué me vuelve loco de ti?
Tú.
Para C, porque para mí es mucho más de lo que piensa
8.1.14
intocable.
Secuencias en blanco y negro. Figuras inertes y a la vez borrosas de tanto movimiento. Sentimientos que se plasman en una exquisita unión de fotogramas, y que dan lugar a una gran obra de arte. Las lágrimas que derramas son la rúbrica que indica que sí, que merecía la pena trasnochar un poco más y terminar de ver esta increíble película, y que sí, que siguen habiendo detalles en el mundo que indican que no todo está perdido.
Si no la habéis visto, ya estáis tardando.
8.9.13
el miedo.
Dardos tranquilizantes lanzados con una cerbatana y con mucha destreza, directos al corazón. Brazos de zombie de película de serie B, de bajo presupuesto y peores efectos especiales, que surgen de una tumba de cartón piedra y sujetan de los tobillos a la guapa de la película. Ese momento en que terminas tu examen y empiezas a alzarte, y te paras justo al darte cuenta de las miradas de reojo y de que eres el primero y el único que está a punto de entregarlo. Ese ahogo en seco, esa parálisis ante una puerta oscura que la parte racional de tu cerebro quiere cruzar, y la parte irracional lo único que quiere es estar de copas en el bar de siempre con los amigos.
Pero la protagonista siempre vive. Y los exámenes se pueden repetir y aprobar. Y las puertas se pueden cruzar. Y no hay dardos que puedan parar a los valientes.
7.9.13
aproximaciones a un jazz (d)escrito.
Una tormenta, con agua cayendo tan furiosa que vibra en todas direcciones, incluso en horizontal. Platos rotos grabados a cámara lenta, cien fotogramas en un latido de corazón. Un grito que rasga en dos el lienzo de un silencio en la más profunda calma. Una carrera a oscuras en mitad de la noche, y tu propia respiración y la de tu oponente son lo único que te guía en un plano de sombras mudas. Rabia contenida durante siglos, eones, desmesurada, colándose por las rendijas de una persiana a medio abrir en una ciudad perdida, y que dejas salir hasta quedarte vacío. Lo que queda de tus pisadas en la arena cuando has recorrido unos metros y las olas han pasado tras de ti, borrando tu rastro como los recuerdos de aquella noche con mucho alcohol y poca mesura.
La calma de un amanecer con alguien que respira a tu compás. Y que te besa en el cuello. Y el jazz se acaba.
La calma de un amanecer con alguien que respira a tu compás. Y que te besa en el cuello. Y el jazz se acaba.
25.7.13
diccionario breve de definiciones aproximadas
Reencuentro: Dícese del momento en que el mañana conecta con el ayer de dos personas. Abrazo entre almas que, lo quisieran o no, se dijeron un hasta nunca o un hasta luego con fecha de caducidad incierta, y vuelven a verse sin conocer las reglas del juego.
Destino: Parada final de la linea de metro de la vida que no aparece señalizada en ningún mapa y que aunque mucha gente crea totalmente inverosímil (como la existencia de los unicornios o los políticos honrados) está ahí, y llegaremos en algún momento. "Mind the gap" cuando salgamos del vagón.
Casualidad: Fuerza invisible por la cual miramos el teléfono y suena y es él o ella. También conocida como serendipia si el resultado final se escribe con letras de crédito de película romántica de las de antes, y el destino (ver definición anterior) nos lleva a buen puerto.
(y llegado el momento del Reencuentro coges los dados del Destino, los tiras, y esperas que la Casualidad le hinque el diente a todos los seises que hay en ellos. A jugar, que las apuestas están altas...)
Destino: Parada final de la linea de metro de la vida que no aparece señalizada en ningún mapa y que aunque mucha gente crea totalmente inverosímil (como la existencia de los unicornios o los políticos honrados) está ahí, y llegaremos en algún momento. "Mind the gap" cuando salgamos del vagón.
Casualidad: Fuerza invisible por la cual miramos el teléfono y suena y es él o ella. También conocida como serendipia si el resultado final se escribe con letras de crédito de película romántica de las de antes, y el destino (ver definición anterior) nos lleva a buen puerto.
(y llegado el momento del Reencuentro coges los dados del Destino, los tiras, y esperas que la Casualidad le hinque el diente a todos los seises que hay en ellos. A jugar, que las apuestas están altas...)
20.7.13
la musa
Que vuelvas es muy mala señal. Anduviste escondida en los recodos de las haches, en los huecos que quedan en las conversaciones de ascensor. Y ahora estás de nuevo aquí, amenazando con no dejarme dormir o como mínimo con pintar de monotonía mis próximos días de vacaciones.
No quiero ser el próximo Spinetti, pero todos los pronósticos de mi particular hombre del tiempo mental indican nubes, alternando con pequeños claros, y todo aderezado con pinceladas de gris desidia.
Buenas noches...
No quiero ser el próximo Spinetti, pero todos los pronósticos de mi particular hombre del tiempo mental indican nubes, alternando con pequeños claros, y todo aderezado con pinceladas de gris desidia.
Buenas noches...
26.10.12
de los sueños fugaces de cinco segundos
Sumergido, muy profundo, convierto en cristales todo aquello que toco. El fondo marino, hasta este momento totalmente quieto, forma una cortina de arena cuando lo acaricio con la mano. Dibujo tirabuzones y formas imposibles, y las pequeñas párticulas de arcilla y grava brillan: los matices de los rayos del sol que apenas les llegan las convierten en estrellas de corta y pega, en luciérnagas enanas en un ambiente extraño.
Despierto y tan solo tengo el leve recuerdo de que buceo.
1.9.12
ultimátum de lo que no me dices.
- Háblame.
- Ya lo hago.
- No. Solamente me dices cosas. Quiero que me hables. Que vomites lo que sientes. Que caiga esa barrera de miedo y vergüenza que te detiene, ese aura de miedo al qué diré o al qué dirán. Ese bloqueo de pensar en las consecuencias de tus actos más alla de las próximas putas veinte jugadas del ajedrez del deseo y el sexo.
- Pero es que..
- No hay peros que valgan. Fóllame o quiéreme. Pero decide cuál de las dos opciones es la válida. Y recuerda el camino que te lleva a casa.
20.8.12
de los deseos.
Deseo viajar lejos, vivir en otra parte, poniendo en la maleta un saco de borrones y cuentas nuevas y aprendiendo desde cero rutinas que nadie te explica. Deseo volver a aparecer en un pueblo perdido en Cuba y compartir canciones, historias y mojitos con familias que te dejan marcado. Deseo momentos de conexión con gente desconocida pero cómplice. Deseo silencios en determinados momentos en los que lo más bonito que se podría decir ya se ha expresado en gestos, miradas, o sudores de piel dentro de piel. Deseo mojarme de nuevo bajo la lluvia en Tokio y deslizarme entre esa marea de paraguas transparentes. Deseo bullicio, y extender mis brazos en forma de cruz, y que la gente pase y los toque, como una marea infinita de brazos, hombros, codos, a los que pasar revista con los dedos. Deseo aquellas calles del centro de London en las que pasabas desapercibido y eras una gota más de las multitudes atareadas. Deseo abrir los ojos en algún lugar que no salga en los mapas, y que todo sea de color verde. Deseo volver a estar en conciertos entre la gente que me importa y compartir sentimientos que a ratos creo que he olvidado. Deseo estar presente en muchas fotos que veo. Deseo poder teletransportarme en el espacio y en el tiempo. Deseo dar la mano a alguien y que ese gesto provenga de dentro de mí. Deseo labios que no puedo tocar, ojos que no puedo mirar y cinturas que no puedo sujetar. Deseo pasar frío en un camino desierto en Islandia. Deseo despertar un día, mirarme al espejo, y dejar de sentir ese revoltijo del estómago que indica que mi cubo de los deseos sigue aún lejos de empezar a vaciarse.
Pero ante todo, deseo.
Pero ante todo, deseo.
31.7.12
cosas que el tiempo trae y nadie te contó
Cansancio, que flota de una manera casi imperceptible y que solo podríamos medir si de golpe nos lo quitaran de encima. Berrinches de abuelo ante cosas que hace años habríamos hecho y que ahora nos parecen ridículas viéndolas en otros. Impaciencia en forma de minutos de aguante en negativo ante todo. Una carcasa interna que te protege para bien y para mal. Rutinas que te reconfortan y sin las que te sentirías menos tú. Experiencia (mucha) que te hace rebobinar mentalmente la película de tu vida y si te descuidas intentar averiguar cómo hubiera sido el guión si la escena del beso se hubiera rodado desde otro ángulo. Sueños tangibles, que en comparación con los de épocas pasadas, etéreos, al verse cumplidos tornan la victoria más descafeinada de lo que debiera ser.
Suma y sigue en la carrera de fondo de cerebros llenos de mierda.
Suma y sigue en la carrera de fondo de cerebros llenos de mierda.
25.7.12
clic!
Manos. Desayunos y cigarros. Elegir la derecha y pensar en izquierda. Poner estructuras y luego derrumbarlas. Perder el tiempo durante mucho tiempo, o invertirlo en rellenar con agua el fondo de un colador. Me pediste que te escribiera. Y esto es lo único que salió.
Enhorabuena, he vuelto (un poco más hueco).
Sigur Ros – Hljómalind
Enhorabuena, he vuelto (un poco más hueco).
Sigur Ros – Hljómalind
4.11.11
la misma lluvia (de siempre)
La misma lluvia de siempre, la que te aleja de todo y a la vez te acerca a lo que merece la pena. La que te hace echar de menos momentos y echar de más las tristezas. La que cae y limpia el suelo, los hombros y las ideas.
La misma lluvia de siempre: purifica, trae vientos nuevos y te hace compañía cuando te sientes solo. La que tiene una banda sonora que nunca te abandona, y que trae notas finas de piano que suenan como un goteo constante en lo más profundo de tus entrañas. Gotas hechas de sueños, esperanzas, y momentos que permanecen.
La misma lluvia de siempre. La que me hace hervir los dedos, la que me lleva cerca y a la vez lejos, y me hace escribir (y describir) de nuevo. Me vuelvo a mi silla vacía, frente a la terraza, a dejar que de nuevo me envuelva esa paz hecha de gotas y frío.
La misma lluvia de siempre. Pero diferente.
La misma lluvia de siempre: purifica, trae vientos nuevos y te hace compañía cuando te sientes solo. La que tiene una banda sonora que nunca te abandona, y que trae notas finas de piano que suenan como un goteo constante en lo más profundo de tus entrañas. Gotas hechas de sueños, esperanzas, y momentos que permanecen.
La misma lluvia de siempre. La que me hace hervir los dedos, la que me lleva cerca y a la vez lejos, y me hace escribir (y describir) de nuevo. Me vuelvo a mi silla vacía, frente a la terraza, a dejar que de nuevo me envuelva esa paz hecha de gotas y frío.
La misma lluvia de siempre. Pero diferente.
9.8.11
Islandia
Islandia me llama. Desde el fondo de cada murmullo de cuantos arroyos pueda imaginarme. Desde la profundidad de cada lago helado que susurre frías canciones de cuna. Desde cada géiser que lance al aire chorros de agua caliente y extraña. Desde cada piedra, cada matojo, cada centímetro cuadrado de hielo y musgo.
Me llama. Y me dice que venga y lo disfrute. Que pase días en silencio buscando la parte de mi que no sale en el índice de mi vida. La parte que solo se atisba cuando estoy a solas y no hablo para no interrumpir la lluvia de silencio.
Será cuestión de pensárselo, digo yo. Adelante, Bonaparte.
Me llama. Y me dice que venga y lo disfrute. Que pase días en silencio buscando la parte de mi que no sale en el índice de mi vida. La parte que solo se atisba cuando estoy a solas y no hablo para no interrumpir la lluvia de silencio.
Será cuestión de pensárselo, digo yo. Adelante, Bonaparte.
20.7.11
Cuba
Salsa y sonrisas. Bailes y barcos. Playas y puentes sobre cascadas. Ron y reuniones con una guitarra en mano.
Me llevo de este viaje momentos míticos... como esas horas de hechizo, en el bar Montserrate, aprendiendo que, a diferencia del europeo, que esta lleno de rencores, dudas, distancias y reparos, el cubano esta lleno de ritmo y música. Porque es lo único que tiene, lo único que le queda, y a lo que se aferra con todo su arte y ahínco. Y es capaz de cantar y bailar durante quince minutos, y hacer que bailen los camareros, la gente que pasa por ahí, la gente que mira desde las mesas. Y todos sintonizan la misma frecuencia y beben del mismo arte. Qué rabia da sentirse observador desde fuera de esa demostración de vida... Pero bueno, al menos aprendí lo que es la experiencia cercana a la muerte de la mano del ron con cerveza (gracias, Duabel).
Me acompañará también en el recuerdo el momento en que llegué a la orilla de la playa en Cayo Levisa. Bajo un sol abrasador que se colaba por entre los manglares, sudando a mares.. y de repente aparece ante ti la mayor piscina que jamás hayas visto. Es como entrar en un póster de ésos que colocan en las agencias de viajes... una imagen de arenas blancas, sombrillas de hoja de palmera, y aguas transparentes. ¿El remate final? que en esa playa haya un máximo de veinte personas.
Justo cuando escribo esto tengo a mi lado la tarjeta de visita de Villa Barby y Omar. Es difícil de expresar la impresión que te produce poder conectar de la manera como lo haces con la gente en ese país. Como pasas de estar andando por la calle a estar cantando canciones y tomando con ellos en su casa, riendo, contando chistes, intentando secretamente impregnarte con su manera de ser, de compartir. Y mientras lo haces sentir que conectas y que querrías formar parte de ello para siempre, y no ser un extranjero que se avergüenza de lo diferente que sería una tarde en su país de origen. En mi mente queda grabada esa canción, Guantanamera, y el mojito y las galletas saladas, y las risas hasta que las tripas te duelen, y esas chicas americanas riendo confundidas ante lo que estaban viendo sin poder creerse que no éramos mas que yuma, un par de extranjeros como ellas.
Muchas más cosas pasean por mi mente. Flashes fugaces de noches extrañas y días calurosos, de historias sobre dioses contadas por un babalawa ebrio y melancólico -Walfri, qué grande eres -, de paseos y de equívocos, de timos, trampas y palmeras, de buscar tarjetas de teléfono y divagar ante el Capitolio acerca de la santería con Luca, un chaval italiano de paso en Cuba en una vuelta al mundo totalmente digna de admirar. Y envolviéndolo todo... esa temperatura infernal.
El aire de cuba hierve con fuerza. Es un aire caliente, que se te mete dentro y te susurra lo mismo que una cubana negra borracha nos dijo una tarde-noche de tomar ron cola en el Parque Central: que para qué beber cubalibres, que Cuba ya es libre. De una manera vaga, vi una Cuba que comienza a susurrar lo que quiere y lo que espera. Cuando el cubano te coge confianza, planchao en mano, te explica lo que ve. Recuerdo a aquel policía cubano, fuera de servicio ya, tomando con nosotros en el Paseo del Prado. Y de cómo nos explicaba sobre la represión y la necesidad, y sobre lo que no se quiere mostrar a los cubanos.
Cuba espera una oportunidad, tras la sombra del aún invisible primer mártir de su nueva revolución.
Me llevo de este viaje momentos míticos... como esas horas de hechizo, en el bar Montserrate, aprendiendo que, a diferencia del europeo, que esta lleno de rencores, dudas, distancias y reparos, el cubano esta lleno de ritmo y música. Porque es lo único que tiene, lo único que le queda, y a lo que se aferra con todo su arte y ahínco. Y es capaz de cantar y bailar durante quince minutos, y hacer que bailen los camareros, la gente que pasa por ahí, la gente que mira desde las mesas. Y todos sintonizan la misma frecuencia y beben del mismo arte. Qué rabia da sentirse observador desde fuera de esa demostración de vida... Pero bueno, al menos aprendí lo que es la experiencia cercana a la muerte de la mano del ron con cerveza (gracias, Duabel).
Me acompañará también en el recuerdo el momento en que llegué a la orilla de la playa en Cayo Levisa. Bajo un sol abrasador que se colaba por entre los manglares, sudando a mares.. y de repente aparece ante ti la mayor piscina que jamás hayas visto. Es como entrar en un póster de ésos que colocan en las agencias de viajes... una imagen de arenas blancas, sombrillas de hoja de palmera, y aguas transparentes. ¿El remate final? que en esa playa haya un máximo de veinte personas.
Justo cuando escribo esto tengo a mi lado la tarjeta de visita de Villa Barby y Omar. Es difícil de expresar la impresión que te produce poder conectar de la manera como lo haces con la gente en ese país. Como pasas de estar andando por la calle a estar cantando canciones y tomando con ellos en su casa, riendo, contando chistes, intentando secretamente impregnarte con su manera de ser, de compartir. Y mientras lo haces sentir que conectas y que querrías formar parte de ello para siempre, y no ser un extranjero que se avergüenza de lo diferente que sería una tarde en su país de origen. En mi mente queda grabada esa canción, Guantanamera, y el mojito y las galletas saladas, y las risas hasta que las tripas te duelen, y esas chicas americanas riendo confundidas ante lo que estaban viendo sin poder creerse que no éramos mas que yuma, un par de extranjeros como ellas.
Muchas más cosas pasean por mi mente. Flashes fugaces de noches extrañas y días calurosos, de historias sobre dioses contadas por un babalawa ebrio y melancólico -Walfri, qué grande eres -, de paseos y de equívocos, de timos, trampas y palmeras, de buscar tarjetas de teléfono y divagar ante el Capitolio acerca de la santería con Luca, un chaval italiano de paso en Cuba en una vuelta al mundo totalmente digna de admirar. Y envolviéndolo todo... esa temperatura infernal.
El aire de cuba hierve con fuerza. Es un aire caliente, que se te mete dentro y te susurra lo mismo que una cubana negra borracha nos dijo una tarde-noche de tomar ron cola en el Parque Central: que para qué beber cubalibres, que Cuba ya es libre. De una manera vaga, vi una Cuba que comienza a susurrar lo que quiere y lo que espera. Cuando el cubano te coge confianza, planchao en mano, te explica lo que ve. Recuerdo a aquel policía cubano, fuera de servicio ya, tomando con nosotros en el Paseo del Prado. Y de cómo nos explicaba sobre la represión y la necesidad, y sobre lo que no se quiere mostrar a los cubanos.
Cuba espera una oportunidad, tras la sombra del aún invisible primer mártir de su nueva revolución.
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