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7.9.13

aproximaciones a un jazz (d)escrito.

Una tormenta, con agua cayendo tan furiosa que vibra en todas direcciones, incluso en horizontal. Platos rotos grabados a cámara lenta, cien fotogramas en un latido de corazón. Un grito que rasga en dos el lienzo de un silencio en la más profunda calma. Una carrera a oscuras en mitad de la noche, y tu propia respiración y la de tu oponente son lo único que te guía en un plano de sombras mudas. Rabia contenida durante siglos, eones, desmesurada, colándose por las rendijas de una persiana a medio abrir en una ciudad perdida, y que dejas salir hasta quedarte vacío. Lo que queda de tus pisadas en la arena cuando has recorrido unos metros y las olas han pasado tras de ti, borrando tu rastro como los recuerdos de aquella noche con mucho alcohol y poca mesura.

La calma de un amanecer con alguien que respira a tu compás. Y que te besa en el cuello. Y el jazz se acaba.

25.7.13

diccionario breve de definiciones aproximadas

Reencuentro: Dícese del momento en que el mañana conecta con el ayer de dos personas. Abrazo entre almas que, lo quisieran o no, se dijeron un hasta nunca o un hasta luego con fecha de caducidad incierta, y vuelven a verse sin conocer las reglas del juego.

Destino: Parada final de la linea de metro de la vida que no aparece señalizada en ningún mapa y que aunque mucha gente crea totalmente inverosímil (como la existencia de los unicornios o los políticos honrados) está ahí, y llegaremos en algún momento. "Mind the gap" cuando salgamos del vagón.

Casualidad: Fuerza invisible por la cual miramos el teléfono y suena y es él o ella. También conocida como serendipia si el resultado final se escribe con letras de crédito de película romántica de las de antes, y el destino (ver definición anterior) nos lleva a buen puerto.


(y llegado el momento del Reencuentro coges los dados del Destino, los tiras, y esperas que la Casualidad le hinque el diente a todos los seises que hay en ellos. A jugar, que las apuestas están altas...)



26.10.12

de los sueños fugaces de cinco segundos


Sumergido, muy profundo, convierto en cristales todo aquello que toco. El fondo marino, hasta este momento totalmente quieto, forma una cortina de arena cuando lo acaricio con la mano. Dibujo tirabuzones y formas imposibles, y las pequeñas párticulas de arcilla y grava brillan: los matices de los rayos del sol que apenas les llegan las convierten en estrellas de corta y pega, en luciérnagas enanas en un ambiente extraño.

Despierto y tan solo tengo el leve recuerdo de que buceo.

1.9.12

ultimátum de lo que no me dices.

- Háblame.
- Ya lo hago.
- No. Solamente me dices cosas. Quiero que me hables. Que vomites lo que sientes. Que caiga esa barrera de miedo y vergüenza que te detiene, ese aura de miedo al qué diré o al qué dirán. Ese bloqueo de pensar en las consecuencias de tus actos más alla de las próximas putas veinte jugadas del ajedrez del deseo y el sexo.
- Pero es que..
- No hay peros que valgan. Fóllame o quiéreme. Pero decide cuál de las dos opciones es la válida. Y recuerda el camino que te lleva a casa.

20.8.12

de los deseos.

Deseo viajar lejos, vivir en otra parte, poniendo en la maleta un saco de borrones y cuentas nuevas y aprendiendo desde cero rutinas que nadie te explica. Deseo volver a aparecer en un pueblo perdido en Cuba y compartir canciones, historias y mojitos con familias que te dejan marcado. Deseo momentos de conexión con gente desconocida pero cómplice. Deseo silencios en determinados momentos en los que lo más bonito que se podría decir ya se ha expresado en gestos, miradas, o sudores de piel dentro de piel. Deseo mojarme de nuevo bajo la lluvia en Tokio y deslizarme entre esa marea de paraguas transparentes. Deseo bullicio, y extender mis brazos en forma de cruz, y que la gente pase y los toque, como una marea infinita de brazos, hombros, codos, a los que pasar revista con los dedos. Deseo aquellas calles del centro de London en las que pasabas desapercibido y eras una gota más de las multitudes atareadas. Deseo abrir los ojos en algún lugar que no salga en los mapas, y que todo sea de color verde. Deseo volver a estar en conciertos entre la gente que me importa y compartir sentimientos que a ratos creo que he olvidado. Deseo estar presente en muchas fotos que veo. Deseo poder teletransportarme en el espacio y en el tiempo. Deseo dar la mano a alguien y que ese gesto provenga de dentro de mí. Deseo labios que no puedo tocar, ojos que no puedo mirar y cinturas que no puedo sujetar. Deseo pasar frío en un camino desierto en Islandia. Deseo despertar un día, mirarme al espejo, y dejar de sentir ese revoltijo del estómago que indica que mi cubo de los deseos sigue aún lejos de empezar a vaciarse.

Pero ante todo, deseo.

9.8.11

Islandia

Islandia me llama. Desde el fondo de cada murmullo de cuantos arroyos pueda imaginarme. Desde la profundidad de cada lago helado que susurre frías canciones de cuna. Desde cada géiser que lance al aire chorros de agua caliente y extraña. Desde cada piedra, cada matojo, cada centímetro cuadrado de hielo y musgo.

Me llama. Y me dice que venga y lo disfrute. Que pase días en silencio buscando la parte de mi que no sale en el índice de mi vida. La parte que solo se atisba cuando estoy a solas y no hablo para no interrumpir la lluvia de silencio.

Será cuestión de pensárselo, digo yo. Adelante, Bonaparte.

23.1.10

sonrisa de papel

Esquiva y tímida. Vislumbrada con un guiño de ojo. Burla espontánea, que hace sonreír a todo el que mire hacia ese lado. Gracia, frescura, desparpajo, en un acto tan cotidiano como fuera de lugar a estas horas de la mañana.

El metro para y la magia se apaga por unos instantes. Un idioma extraño que provoca parpadeos de estupor. Una sonrisa cómplice y las mismas bromas que dos paradas antes. Sacar la lengua, reír, arrugar la nariz.

"La chica más bonita que jamás he visto sujetando un Martini", me digo. Pero no llevas un Martini, y jamás nos conoceremos, y yo sonrío porque me has gustado durante diez minutos de trayecto, y tú sonríes, y tu sonrisa es de papel, y mi mirada es de cartón.

Me emociona ser consciente de que aún tengo ese músculo que late, justo cuando creía tener una piedra en el pecho. Es divertido, esto de sentir. Aunque sea durante unos minutos, y aunque sea una idiotez. Gracias, morena desconocida.

Me voy a dormir completa y profundamente satisfecho. Les dejo con la canción que me ha acompañado mientras escribía.

Sigur Rós - Njósnavelin (The Nothing Song)

21.1.10

el gato que ni estaba vivo ni estaba muerto

Comerte un caramelo Mentos de quien menos te lo esperas. Soportar de forma estoica situaciones a todas luces absurdas, con una sonrisa exterior y un puño cerrado en el interior, clamando por salir y desahogarse. Frío y calor y frío y calor, y sueño aderezándolo todo. Morderse los labios por desear lo que no se debe, tatuándote en la lengua un "ni se mira ni se toca", no vaya a ser que te dé por lanzar dardos a las dianas equivocadas. Volver a vicios que te llenan a ratos. Ver pasar las horas, una tras otra, en una fila india de aburrimiento y sopor. Ver que las cosas se arreglan y los rumbos torcidos siempre pueden enderezarse. Escuchar una y otra vez el último de French Teen Idol, y embriagarme con sus melodías. Leer uno de esos libros que parecen haber sido escritos para leerse una y otra vez. Llamada de alguien que era, y ahora no es, pero que sería divertido que fuera, porque fue. Pensar en comida japonesa y suspirar. Pensar en vacaciones y verlas lejos. Sentir el cosquilleo por la espalda que te avisa como un maldito reloj atómico con alarma de que es la hora de leer y dormir. Observar como la gente cae enferma y ser el único superviviente a la deriva. Planear con los brazos abiertos, sintiendo la brisa debajo de ti, sobre ideas, encuentros, posibilidades, certezas e improbabilidades. Acariciar al Gato de Schrödinger y dejarle que se acurruque sobre mí. Dormir.

19.1.10

Creo..

Vale, sí. Está mal volver a escribir tan sólo para citar un texto de otro. Pero he estado ojeando de nuevo American Gods y he recordado esta cita, una de las mejores que jamás he leído.

(Prometo escribir algo mío cuando encuentre la manera y la inspiración)

"Me puedo creer cosas ciertas, cosas falsas y cosas que nadie sabe si son ciertas o falsas. Puedo creer en Papá Noel y en el conejo de Pascua y en Marilyn Monroe y en los Beatles y en Elvis y en Mr. Ed. Mira, creo que las personas pueden alcanzar la perfección y que el conocimiento es infinito y que el mundo está dirigido por cárteles financieros secretos y que lo visitan periódicamente grupos de alienígenas, buenos, que parecen lémures arrugados, y malos, que mutilan el ganado y quieren apropiarse de nuestra agua y nuestras mujeres. Creo que el futuro nos aspira y creo que el futuro nos sacude y creo que un día la Mujer búfalo blanca volverá y nos dará a todos una patada en el culo. Creo que los hombres son sólo niños grandes con problemas de comunicación y que la decadencia del sexo en Estados Unidos coincide con la decadencia de los cines al aire libre por todos los estados. Creo que todos los políticos son unos cabrones sin principios y también creo que son mejores que la alternativa. Creo que California se va a hundir en el mar cuando venga el gran terremoto, mientras que Florida se disolverá en el caos, los cocodrilos y los vertidos tóxicos. Creo que el jabón antibacterias está acabando con nuestras resistencias a la porquería y la enfermedad hasta el punto de que un día seremos borrados de la tierra por el catarro común, igual que los marcianos en La Guerra de los Mundos. Creo que los mejores poetas del siglo pasado fueron Edith Sítweli y Don Marquis, que el jade es esperma de dragón seco y que hace miles de años, en una vida anterior, yo era una chamán siberiana manca. Creo que el destino de la humanidad está escrito en las estrellas. Creo que es verdad que los caramelos sabían mejor cuando era pequeña, que es aerodinámicamente imposible que los abejorros vuelen, que la luz es una onda y una partícula y que en algún lugar del mundo hay un gato en una caja que está vivo y muerto al mismo tiempo, pero que si nadie va pronto a abrir la caja y darle de comer acabará estando muerto de dos formas distintas, y creo que hay estrellas miles de millones de años más antiguas que el propio universo. Creo en un dios personal que me cuida y se preocupa y supervisa todo lo que hago. Creo en un dios impersonal que puso el universo en marcha, después se fue de juerga con sus novias y ni siquiera sabe que existo. Creo en un universo ateo creado al azar, como ruido de fondo y por pura casualidad. Creo que todos los que dicen que se da excesivo valor al sexo, simplemente nunca han echado un polvo en condiciones. Creo que los que dicen saber qué pasa también mienten sobre los detalles. Creo en la veracidad absoluta y en la necesidad social de mentiras piadosas. Creo en el derecho de elección de la mujer, en el derecho a la vida del bebé, en que toda vida humana es sagrada y en que la pena de muerte no está mal sí es posible otorgar una confianza implícita al sistema legal. Creo que la vida es un juego, que la vida es una broma cruel y que la vida también es lo que sucede cuando estás vivo y puedes tumbarte y disfrutar."


(Discurso de Samanta Cuervo Negro a Sombra. American Gods, de Neil Gaiman).

29.11.09

flashback

"Esto ya lo he vivido", grita en silencio. Y un cosquilleo le sube la espalda, siguiendo el compás de la música que escucha. Las manos le tiemblan un poco, los dedos esquivos, entumecidos, puede que debido a la falta de circulación de una sangre que funciona en estos momentos al ralentí, casi como el viejo coche heredado de segunda mano que nunca tuviste el valor de vender.

"Esto ya lo he vivido", y se nota dormido, cansado, ríos de adrenalina que salen de su cuerpo por los poros y que al contacto con el aire se evaporan: los nervios convertidos en vaho, las fuerzas convertidas en aire.

"Esto ya lo he vivido", se lamenta, y los huesos y la carne y la sangre y lo más profundo de su alma de idiota le recuerdan que él cree en destinos, pero que a la vez cree en ramificaciones. Extraña dualidad, en la que todo está escrito porque lo vamos escribiendo cuando elegimos. Y que algunas veces tiene elección, cuando en otras simplemente se deja llevar por la corriente que todo arrastra (corriente que, por otro lado, se lleva tanto los tatuajes hechos de recuerdos buenos como los souvenirs hechos de tragedias y nudos en el cuello).

"Esto ya lo he vivido". Y vuelve a encender la estufa para calentarse y darse ánimos.

(Canta, Jónsi, canta..)

11.9.09

escribir y buscar letras que no están ahí (aunque en realidad sí)

La llamada silenciosa resuena en los rincones de mi mente. Me dice que es la hora de romper en pedazos la piñata de las ideas en esta gran fiesta para sordos y ciegos.

Acaricio de nuevo las lisas superficies de la inspiración, confuso, lento, tanteando cada palabra y cada paso desde esta nueva perspectiva que no está guiada por la tristeza. Un pie detrás del otro, despacio, como el niño que acaba de empezar a andar pero es suficientemente cauto como para no intentar correr, sorprendido ante esta nueva habilidad que creía imposible. Pasito a pasito, fluyendo, encontrando de nuevo las palabras guiado por la banda sonora de los paisajes nevados islandeses. Y es entonces cuando soy yo.

- Háblame de esa letra.
- Es esquiva, tímida, silenciosa y espantadiza - me contestas. Enciendes un cigarro pausadamente, diría que con total premeditación, teatral, exagerada y descarada. Me miras.
- Haz el favor de ayudarme un poco - replico enfadado -. Ni te va ni te viene, ni pierdes ni ganas, así que te lo pido una vez más: ayúdame a encontrarla.

Me observas, muy seria, tu mirada un hierro al rojo vivo en el fondo del nervio óptico. Me remuevo inquieto en tu sillón. De repente soy consciente de cada arruga en él, de cada pliegue de la piel vieja. Casi puedo notar los muelles sumándose a la incomodidad de tus pequeños ojos fijos.

- Dame una razón - me dices, casi como desafiándome. Noto como tu barbilla se eleva en ese gesto universal de desdén, y me doy cuenta de cómo intentas golpearme con el martillo de la venganza en cómodos plazos.
- Hazlo por mi. Hazlo por ti. Hazlo por todas las historias que algún día te conté, por todas las que te importaron y todas las que atesoras como buenos recuerdos. Hazlo por el Sol y la lluvia y las estrellas. Hazlo por los corazones que laten y los nervios que no se sienten sino que se empuñan -. Hago una pausa para respirar. Las palabras salen a borbotones de mi garganta seca. Daría lo que fuera por un trago de agua, whisky o lejía. Mierda.

Ríes. Tu carcajada suena profunda en esta pequeña habitación.

- Has andado con ella por los últimos cinco minutos - me dices. Acto seguido te levantas y sales afuera, dejándome tan vació como la letra que a ratos me ocultas.

3.7.09

AVE

El panel digital marca 35º fuera. Un calor que derrite, como el que ha hecho en Madrid estos tres días: tan sofocante que al respirarlo notabas como se arrastraba hasta los bronquios como si de papel de lija se tratara. En una broma graciosa y bastante póstuma, el GPS me indica que estamos en algun lado enmedio de la nada, cerca de La Almunia de Doña Godina, cerquita de Zaragoza. Un saludo, maestro Eugenio...

El paisaje fuera es la fotocopia de una fotocopia de un borrador de la españa profunda, la que escribes en minúsculas de tantas veces que has visto. Yerma, marrón y triste, paisaje marciano de no ser por esa vegetación que salpica avergonzada cada tantos metros.

El AVE mueve las cosas muy rápido. En este momento a 293Km/h. Puede que eso afecte de alguna manera a mis procesos cognitivos, al tránsito de ideas entre neuronas o a los partidos de tenis que se montan mis sentidos con mi cerebro. Vete tú a saber. La teoría, de hecho, es válida incluso aplicándola a los viajes en avión, momento en el cual también sería capaz de escribir libros a codazos.

Me pregunto quién mueve el guión y hace que sonría y me entristezca a partes iguales y alternativas tantas veces en tan poco espacio de tiempo. Y es que hoy han sido unas cuantas. Lo de hoy podría incluso verlo como una ensalada de sentimientos contrapuestos. Puedo visualizar la receta, contada por un chef barbudo y canoso en un programa de cocina de las tres de la tarde. Ver como sale ante la cámara y cuenta uno de esos chistes malos que a nadie interesan. “Ponga un manojo de nervios en el fondo de la ensaladera”, dice, y yo obedezco y así lo hago. Y me calmo un poco. “Coja su ambición y córtela en pedacitos”, y de nuevo hago lo que me dice y me hago algo más pequeño. Y así hasta que la larga lista de ingredientes acaba cortada, consumida, aderezada y servida.

Finalmente, el chef sirve el plato a otra persona, una reina de la telebasura que al probarlo, hace un comentario borde sobre lo insípido que ha quedado.

Y qué quieres, chica, si en algún momento del proceso se le perdió mi corazón entre los montones de verdura.


Supera esto. Vas a ser capaz. Presupongamos que vuelves al camino. Quizás sea verdad que, como el montar en bici, lo de sentir y querer no se olvida.

De momento... qué más da.

27.5.09

bittersweet symphonies

Ya están aquí, los días de sol. Los días de sonreir como un tonto y disfrutar de esas brisas de dos minutos que atraviesan mi habitación y renuevan el aire, caliente tras tantas horas de luz intensa.

Días de música y conciertos, viajes y reencuentros, idas y venidas. Entradas y salidas. Días de sábanas y risas hasta la hora que sea, porque da igual a la hora que te despiertes ya que da igual a la hora que te acuestes.

Como diría el sr. Ashcroft, son días de sinfonías agridulces..



The Verve - Bittersweet Symphony

'Cause it's a bittersweet symphony this life
Trying to make ends meet, you're a slave to the money then you die
I'll take you down the only road I've ever been down
You know the one that takes you to the places where all the veins meet, yeah
No change, I can't change, I can't change, I can't change,
but I'm here in my mold , I am here in my mold
But I'm a million different people from one day to the next
I can't change my mold, no, no, no, no, no

Well, I've never prayed,
But tonight I'm on my knees, yeah
I need to hear some sounds that recognize the pain in me, yeah
I let the melody shine, let it cleanse my mind , I feel free now
But the airwaves are clean and there's nobody singing to me now

No change, I can't change, I can't change, I can't change,
but I'm here in my mold , I am here with my mold
And I'm a million different people from one day to the next
I can't change my mold, no, no, no, no, no

(Well have you ever been down?)
(I can't change, I can't change...)
(Ooooohhhhh...)

'Cause it's a bittersweet symphony this life
Trying to make ends meet, trying to find some money then you die
I'll take you down the only road I've ever been down
You know the one that takes you to the places where all the veins meet, yeah
You know I can't change, I can't change, I can't change,
but I'm here in my mold, I am here in my mold
And I'm a million different people from one day to the next
I can't change my mold, no,no,no,no,no
I can't change my mold, no,no,no,no,no
I can't change my mold, no,no,no,no,no

(It justs sex and violence melody and silence)
(It justs sex and violence melody and silence)
(I'll take you down the only road I've ever been down)
(It justs sex and violence melody and silence)
(I'll take you down the only road I've ever been down)
(Been down)
(Ever been down)
(Ever been down)(Lalalalalalaaaaaaaa...)
(Ever been down)
(Ever been down)
(Have you ever been down?)
(Have you ever been down?)
(Have you ever been down?)

14.1.09

un amanecer de un día que fue

El sol, ardiente, está por alcanzar su zénit a esas horas del mediodía.

Umma entorna los ojos intentando atisbar la otra orilla, pero los rayos del Sol le impiden ver nada, como si el dios Utu quisiera ponerle las cosas difíciles en la ardua tarea que aun le espera. "El ganado no se recoge sólo", han sido las palabras que ha usado su anciano tío esta misma mañana. Umma sabe que su tío no escatima las palabras, y lo que pudiera parecer una vaga insinuación ha sido en realidad un imperativo escondido. Y dicho y hecho, Umma ha cogido sus bártulos y el cántaro de agua fresca y se ha preparado para un difícil trayecto.

"Oh dioses, desearía no tener que cargar con estas tareas yo sólo", dice en voz alta mientras se seca el sudor de la frente, y el único testigo es un (por suerte) lejano y aburrido hipopótamo. Umma lo observa desde la barcaza y al virar hacia la orilla sigue controlándolo por el rabillo del ojo. Aun recuerda lo poco que quedó del destrozado cadáver de Abi.. pobre Abi. Valiente y necio sumados en una persona tan temeraria.. muchas ancianas lloraron en el barrio y depositaron flores en su tumba. No, él no correrá igual suerte.

Al llegar a la orilla salta hacia la arena en busca de alguna piedra a la que amarrar la barcaza. Mientras se apresura para dejarla le reza a Enlil para que sea benevolente y no sople, y para que el Tigris continúe tan manso como las últimas lunas.

De pronto, se oyen mugidos, y Umma teme por las vacas de su tío. El rebaño es muy pequeño, pero es lo único que su familia posee: si algo les sucediera morirían de hambre, los dioses no lo quieran. Así que se apresura a subir la orilla. "Cuanto antes termine, antes llegaré a casa", piensa.

El rebaño está bien. Las cuatro vacas famélicas han encontrado algo con lo que alimentarse, y su tío estará contento. Se gira, ahora ya más calmado, pensando que las horas de bordear el río serán como mínimo menos arduas en cuanto caiga la tarde. Y mientras se gira y contempla Larsa bajo el duro Sol del mediodía, canturrea las canciones de arrullo que recuerda de su madre.

"Hoy será un buen día", augura. Y a lo lejos el templo brilla en colores extrañamente imposibles.

24.7.08

shhhh...

- Atrapa esa nube - implora él.

- Es imposible - le contesta ella. - Está demasiado alta.

- Atrapa esa sonrisa - le pide él.

- Es imposible - le dice ella. - Las sonrisas no tienen brazos que estirar ni piernas a las que hacer trabanquetas.

Él se remueve, intranquilo. La cosa no va bien, y en su corazón de niño las cosas son diferentes y funcionan sin necesidad de engrasarse.

Levanta la mirada de nuevo y dice:

- Caza para mi algún entremomento.

Ella le mira sin entender nada mientras se coloca bien el pelo tras las orejas, en un intento por controlar su larga melena. Sus grandes ojos fijos, marrones y verdes, clavan una interrogativa mirada a los del chico (negros azabache, sinceros, curiosos).

- ¿Y se puede saber qué narices es un entremomento? - le pregunta finalmente.

El chico sonríe para sus adentros. Sabe que ha capturado su atención, de la misma manera que una cámara Polaroid sería capaz de detener una mirada y reconvertirla en una eterna pregunta, tan larga como él desee y espere para responder. Coge una piedra y la lanza al río con un gracioso ademán. Le gusta sentirse el centro del mundo durante esos instantes, le hace sentirse importante para ella, le hace creer que realmente es dueño de su interés y sus interrogantes.

La chica, impasible, le repite la pregunta de nuevo en un tono al que se le pueden observar matices de impaciencia rasgada.

Finalmente, él le contesta:

- Esto. Esto es un entremomento. El espacio de tiempo que queda entre tu pregunta y mi respuesta, con ese matiz de algo que queda a medias. Es la bocanada de aire que coges cuando vas a decir algo y no lo dices, por miedo, por vergüenza, por apuro, por tener horchata en vena o hielo en sangre.

>> Es el beta entre un alfa y un omega. Es el vacío entre los puntos suspensivos de las frases con doble, incluso triple sentido. Es ese instante siguiente al momento en que que alguien dice "a" y la persona de la silla de al lado dice "e", y coinciden en el mismo segundo y se miran confundidos esperando que sea el otro el que mueva el álfil y el caballo.

>> Es la pausa durante la cuál alimento mi ego, esa pequeña parte de mí, herida, profunda, frágil, diminuta, en la que habito y coexisto con mis miedos; la pausa en la que finjo que importo y que te importo, y que mis heridas podrían ser las tuyas y las tuyas las mías.

>> Es el espacio de tiempo en el que la gota del rocío cae al suelo y tu percepción de ese lapso la convierte en interminable. Y cuando suena, casi imperceptible, y hace plink... se rompe el hechizo del entremomento.

La chica lo mira de otra manera. Y calla mientras él sigue tirando piedras al río. Y disfruta de los entremomentos sin decir nada que pueda estropearlo.

(Y cuando las hojas caigan al cabo de unos días, ya no seran tan niños).

27.6.08

bla bla bla

Las palabras.

Imperfectas, esquivas, vagas y difusas. Confunden y llevan a interpretaciones tan dispares que no podríamos unir A con B ni que lo intentaramos con el Sagrado Cartagón de la Paciencia.

Las palabras.

Piezas incompletas de puzzle cuyos colores no llegan ni de lejos a mostrarte donde encajan. Y tú, armado con ellas y con tu ingenio, te propones completarlo aún cuando percibes que no tienes las suficientes para acabarlo.

Y si hubieras mirado antes la caja del puzzle (¡necio, orgulloso, infeliz!), sabrías que es un 1000 x 1000.



Dedicado a tod@ aquél/lla que me lee y no me escribe. Animáos, anda. Podría decirse que escribo para vosotr@s más que para nadie.

14.6.08

cruces

Cruces.

Que marcan los lugares donde nunca has estado, donde nunca querrías haber ido o desde los de donde lamentas haber partido.

Cruces.

Que tachan de la lista de culpables a aquellos que es evidente que, a todas luces, son los inocentes de turno de la película cómica de policías y vaqueros.

Cruces.

Que estigmatizan aquello de lo que no queremos hablar hasta el punto de hacerlo invisible a la vista y a la sal de las heridas.

Cruces.

Otrora símbolo religioso, estandarte de sangre e Iglesia, convertidas ahora en mi excusa (matutina) para contaros un poco de qué va todo esto.

17.2.08

de caer y levantarse

Lo tercero que oye al volver en si es una especie de eco apagado de explosiones lejanas. Lo segundo que oye, una voz que por la mueca de la boca de la que surge se diría que suena a grito, pero que sus tímpanos en shock le impiden recibir como algo más que murmullos.

Lo primero que oye son sus propios quejidos tras el estallido de un mortero a unos metros de su cabeza.

Todo está borroso. La persona que le grita a escasos centímetros de su cara parece que podría ser su teniente, o quizás el sargento. No acaba de percibir del todo bien los colores y las formas, solamente intuye la chaqueta marrón pálido que han llevado durante toda su estancia en esta campaña en Egipto.

A lo lejos oye los gritos del ejercito nazi, quizás en retirada, quizás acabando de masacrar a los restos del batallón estadounidense. Tampoco importa. Por lo menos no ahora, o no hasta que tenga la certeza de que aun está de una sola pieza.

Poco a poco comienza a recuperar la visión y empieza a poder centrar la vista. Se mira las manos, sorprendido ante el hecho de conservar ambas, y se cuenta las piernas solo por si acaso. Le asaltan vagos recuerdos de compañeros volando en pedazos por la explosión de las granadas del enemigo, la sangre la carne y los fragmentos de hueso describiendo horrorosas parábolas y manchándolo todo de una manera irreal. Parece que no será su caso.

Humo, por todas partes. Edificios semiderruidos por el fuego de los aviones y los morteros mal dirigidos. Los agujeros de bala y la sangre salpicando aquí y alla todo lo que no está cubierto por polvo. Los restos de un jeep nazi humeando, un cadáver calcinado e irreconocible al volante, y de alguna manera cómica, aun portando la gorra correspondiente a su rango.

Sus tímpanos siguen destrozados, cosa que no impide a su teniente seguirle gritando. Le debe estar diciendo que se ponga a cubierto, o que se levante y siga pateando los culos de los Africa Korps que aún no haya huído.

"Caer y levantarse", se dice, casi creyendo por un instante que es capaz de componer un haiku con esa frase, y sin incluir la palabra "sangre" en él.

"Caer y levantarse", se dice, como todas las otras veces que los tiros pasaron demasiado cerca y te tiraste cuerpo a tierra para que no te dieran.

"Caer y levantarse", se repite una y otra vez, como cuando le dispararon en la pierna, o en el antebrazo, o en el pecho, y su fuerza de voluntad y no la de otro fue quien le salvó la vida milagrosamente.

"Caer y levantarse", murmura, nuevo mantra adquirido para contrarrestar la locura que lo rodea, y con ese pensamiento vuelve a ponerse en pie, posiblemente sordo de por vida, coge su fusil, y se parapeta detrás de las piedras de un pozo derruído, al lado de su teniente que insiste en seguir lanzándole ordenes que no puede oir.

"No quiero morir".

30.1.08

Un cuento de piratas

Érase una vez, hace mucho, mucho tiempo, unas tierras gobernadas por malvados piratas. En ellas, la crueldad, la sangre, los cañones y las espadas lo regían todo.

Cuenta la historia que el más sanguinario de ellos, el pirata Mombars "el exterminador", llegó a dominarlos a todos mediante el miedo, el odio y la traición. No pocas naves sucumbieron a su salvaje tripulación y a la crueldad de sus métodos, que le valieron el respeto de todos los demás navegantes. Una vez en la cima de su poder se autoproclamó Rey de todos los Piratas y se retiró a su mansión de la isla Gran Caimán, desde donde podía atisbar todos los barcos de bucaneros y filibusteros que atracaban en su magnífico puerto.

Aburrido a causa de su retiro, y sintiendo tanta nostalgia de sus años de sangrientas corredurías, Mombars decidió buscar un sucesor digno de su nombre, para lo cuál proclamó a los cuatro vientos en todas las islas del Caribe la siguiente noticia:

"Yo, el más Grande entre los Piratas, Mombars el francés, más conocido como "el exterminador", deseo encontrar alguien digno de portar mi apodo. Es por ello que convoco a todo aquél pirata que crea reunir las cualidades necesarias para dominar el mar a mi mansión.

Si dicha persona es capaz de demostrar poseer dichas cualidades, pasaré a ser su mentor y mis riquezas no harán más que apoyar su carrera.

Pero... ¡ay de aquél que me haga perder el tiempo! Pues se verá privado de su vida mediante los tormentos por los cuales he llegado a ser famoso.



Firmado: Mombars El Exterminador
"


En las ciudades, en los puertos, en las cantinas y en los burdeles, muchos fueron los que se preguntaron si poseían las cualidades que Mombars demandaba. ¿Sería necesario demostrar valentía? ¿Sagacidad? ¿Acaso la fortaleza era lo que se necesitaba? No pocos piratas desistieron horrorizados al leer la nota y ver que en caso de fallar verían realizadas sus más oscuras pesadillas. Mombars gustaba de matar por el mero placer de hacerlo, y él y su tripulación reían divertidos ante los gritos de agonía de sus prisioneros. ¿Quién sería tan valeroso como para arriesgarse a tan cruel muerte?


Al cabo de unos días, Mombars recibió la visita de un bucanero español. Era éste un hombre de más de dos metros de altura, de larga y negra barba, y de ojos inyectados en sangre. Y habló así a Mombars "Oh, gran Rey Pirata, yo soy aquél que es capaz de dominar el mar". Mombars sonrió y le dijo "acompáñame y demuéstralo", y ambos salieron al suntuoso balcón de la mansión. Desde allí se abría una espectacular vista del puerto y de todo el mar atlántico. Mombars hizo un amplio movimiento con la mano, señalando todo lo que se veía, y le dijo al español:

"Para dominar el mar tendrás que ser capaz de decirme lo que ves. Si lo que describes me convence, tuyas serán mis riquezas. Si lo que describes no me convence, tuya será la condenación".

El bucanero meditó unos instantes, impertérrito, y admiró la vista ante sus ojos. Y al cabo de unos minutos se giró hacia el cruel pirata francés y le dijo:

"Veo un ejército de barcos a mis órdenes. Veo la sangre de mis enemigos tiñendo de rojo las velas de sus propias naves. Veo buques mercantes hundiéndose sin remedio entre los gritos de agonía de sus tripulantes. Veo nobles y capitanes arrodillándose ante mi, suplicando por salvar su vida y otorgándome todos sus títulos en un burdo intento por evitar ser víctimas de mi crueldad."

"Mi poder no tendrá límite si tú estás conmigo, oh Rey Pirata". Y tras este discurso, Mombars levantó su espada en un rápido movimiento y le cercenó la cabeza de un solo golpe. "No dices más que lo que ya soy capaz de ver, necio", dijo para si mismo.

Unos días más tarde se presentó en la mansion de Mombars un escuálido filibustero holandés. Su aspecto era encorbado, pálido, y con una rancia sonrisa de hiena que no desaparecía de su cara ni aún cuando los criados del Rey de los Piratas le plantaron ante él. Y el filibustero holandés habló así a Mombars: "Oh, gran Rey Pirata, yo soy aquél que es capaz de dominar el mar". Mombars sonrió y le dijo "acompáñame y demuéstralo". De nuevo los dos salieron al balcón, y el malvado francés hizo de nuevo un amplio movimiento con la mano, señalando todo lo que se veía, y le dijo al holandés:

"Para dominar el mar tendrás que ser capaz de decirme lo que ves. Si lo que describes me convence, tuyas serán mis riquezas. Si lo que describes no me convence, tuya será la condenación".

El encorbado filibustero meditó unos instantes en silencio, sus esquivos ojos moviendose por el paisaje como los de una rata ante un queso rancio. Y al cabo de unos minutos se giró hacia Mombars y le dijo:

"Veo el botín de mil barcos mercantes en las arcas de mi mansión. Veo las rutas marítimas de Las Antillas plagadas de mis naves. Veo el dinero de mil colonias expoliadas fluyendo hacia mí. Veo las joyas, los esclavos, las pieles y el tabaco llenando mis almacenes y convirtiéndome en el hombre más rico del Caribe"

"Mis riquezas no tendrán límite si tú estás conmigo, oh Rey Pirata". Y tras este discurso Mombars atravesó el pecho del holandés hasta la empuñadura de su espada. Y mientras agonizaba, le dijo: "No dices más que lo que yo ya soy capaz de ver, necio".


Pasaron los días y nadie se presentaba ante la puerta de la mansión de Mombars. Los rumores de la muerte de los dos piratas estaban en boca de todos, y ya nadie osaba ni siquiera alzar su mirada hacia la morada del francés, pues un horrendo final parecía el único destino de todo aquel que se atreviera a acercarse.

Unos días mas tarde, y justo cuando Mombars creía que nadie se plantaría ante su puerta, sus criados le sorprendieron con una nueva visita. Esta vez se trataba de un joven marinero, con aspecto sucio, desaliñado, el pelo largo y enredado, y una cara famélica de no haber comido en siglos. Mombars rió a carcajada limpia al ver su aspecto, pero decidió darle una oportunidad. Y cuando el joven marinero alzó la cara, el francés pudo ver que sus ojos no enfocaban hacia ninguna parte. Irritado, le dijo: "Y tú, niño, ¿tienes el valor de presentarte ante Mombars, si no eres nada más que un mocoso ciego? ¿Crees acaso que me apiadaré de ti si no pasas la prueba simplemente por el hecho de ser invidente? La sangre, hijo, no entiende de esas cosas. Correrá igual fuera de tu cuerpo que la que saldría del cuerpo de un asesino, pues Mombars perdió su piedad hace muchos, muchos años. ¿Sigues queriendo demostrar tu valía?". A lo que el joven marinero contestó, con voz fuerte y segura: ""Oh, gran Rey Pirata, yo soy aquél que es capaz de dominar el mar". Mombars estalló de nuevo a carcajadas, y acompañó al joven a su balcón. Y le dijo:

"Para dominar el mar tendrás que ser capaz de decirme lo que ves. Si lo que describes me convence, tuyas serán mis riquezas. Si lo que describes no me convence, tuya será la condenación".

Y el joven marinero ciego permaneció unos instantes quieto. E inspiró. Llenó sus pulmones con la brisa marina que provenía del puerto hasta que parecía que le iban a estallar. Y permaneció así, sin inmutarse, durante unos minutos.

El pirata, harto de tanta comedia y a la vez divertido, le dijo: "¿Y bien, hijo? ¿qué es lo que tu olfato te dice y que tus ojos te niegan?"

Y el joven le contestó así:

"Huelo a madera mojada, mecida por olas suaves que no saben de guerras y hambruna. Huelo el aroma de la esperanza de las naves que hace muchos años trajeron a los primeros de vosotros a estas tierras. Huelo la sangre y la carne putrefactas de todas aquellas víctimas de vuestras rapiñas y saqueos, tan lejos de sus países de origen, y huelo sus cuerpos hundidos en el fondo de estas aguas embravecidas por vuestra profunda culpa. Huelo el anhelo de libertad que en lo más profundo de vuestras venas de envilecidos piratas os arrastró desde vuestras cunas hacia el mar. Huelo la pasión que pusísteis para aprender a controlar un timón, y huelo también las mismas brisas que de jóvenes os mantuvieron despiertos y asomando por la borda en las noches de calma chicha en alta mar. Y como huelo estas cosas siento pena, por lo que los años han hecho de vosotros y vuestras estúpidas guerras de piratería.

Pues en el fondo de vuestros corazones también vosotros sois capaces de oler aquella arena virgen que antaño pisásteis, buscando la libertad a toda costa que vuestras patrias no podían otorgaros.

Y ahora, malvado pirata, haz de mí lo que quieras. Como tú y los tuyos habéis hecho a lo largo de tantos años. Y como irremediablemente seguiréis haciendo, manchando con más sangre estas tierras de sol, mar, palmeras, arena y peces. Hasta que el último de vosotros muera."



Poco se sabe de cómo termina aquella historia. Algunos os dirán, en lo más profundo de sus borracheras de ron, y en lo más oscuro de alguna taberna gris de la isla Margarita, que Mombars torturó al crío durante años por la osadía de sus palabras.

Y sin embargo, otros, que como aquellos pescadores de perlas que cada día le sonríen a la vida en sus pequeñas barquitas, o como los valientes capitanes que ven cada día menos corsarios en sus rutas, os dirán que sí, que la historia fue cierta, pero que tiene un final feliz. Que Mombars se arrepintió de sus infinitos crímenes, que el joven le abrió los ojos a lo más profundo de si mismo, y que la piratería comenzó a cambiar en aquel mismo instante. Y que en el corazón de todo pirata, incluso el de alguien tan cruel como Mombars, existe algo mucho más puro de lo que nadie pueda imaginar.

El amor al mar que una vez los hizo libres.



dedicado a n, por inspirarme, y a sus sonrisas.

17.12.07

wings

Entré a desgana, despidiéndome con tristeza de las grises siluetas de edificios lejanos, perfilados tan solo por la luz de un amanecer triste. Imaginándome, tonto de mí, que podía entrever el tuyo a aquella distancia y bajo aquella oscuridad.

Me tocó ventana, como en el trayecto de ida. Aunque las diferencias con aquellos momentos eran más que evidentes. Recuerdo esa llegada a Barcelona y como los astros parecían haberse unido para hacer de aquellos días algo perfecto e inolvidable. Te recuerdo a ti en la salida de la terminal, con aquel cartelito enorme y pintado en rosa, y como saltabas y dabas grititos sin importarte toda esa gente mirándote. Mi sensación de ridículo se veía superada por la alegría que me saltaba del pecho al ver las letras de "I LOVE YOU CARLOS" en aquellos colores chillones y absurdos, y al verte puesta esa camiseta que yo te diseñé para celebrar nuestro año juntos. Las personas que te rodeaban no parecían verle la gracia a la situación. Bah, en Sevilla la gente al menos hubiera sonreído...

Aquel mediodía soleado de la Barcelona de hace unos días se me antojaba, día de mi vuelta, como un panorama de cuento, una situación inverosímil e inventada, a años luz de lo que sentí al llegar.

Quizás fue porque a media tarde del sábado se acabó nuestra partida. Pintaste mis sueños de gris y negro y colgaste mi corazón en el tendedero de tu patio interior, con unas pinzas desgastadas de madera, para que no se pudiera mover. Y lo que yo hice fue preguntarme en silencio cómo lo iba a hacer, a estas alturas, para volver a la casilla de salida sin cobrar las veinte mil.


Una vez alzado el vuelo se me ocurrió mirar por la ventana. Allí en el horizonte, donde los rayos del sol le hacen el amor al agua, podía leer con caracteres cursivos todo lo que me dijiste hace tiempo. Todas aquellas historias sobre el querernos para siempre, el tenernos el uno al otro. Historias sobre hacer la lista de la compra siempre juntos, y que tu vida y la mía estuvieran para siempre entrelazadas. Es una lástima que justo al virar el avión, el borde de las alas cortara ese horizonte de letras antaño profundas, y ahora tan solo papel mojado.