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25.12.10

wakeupwakeupwakeupwakeupwakeup

- Estás despierta?
- Sí.
- He tenido una pesadilla - dice él, mientras se da la vuelta para abrazarla.
- No pasa nada, tonto. Estoy aquí - le contesta ella, sonriéndole a oscuras.

Él la besa, repasando el recorrido de su sonrisa con los labios, intranquilo aún. Y mientras le acaricia el pelo le explica:

- Era muy real, ¿sabes? He soñado que nunca te había conocido. Que los días eran grises porque tú no podías iluminarlos con ese gesto que haces con las manos. Que eran también días largos, que las horas goteaban del reloj de la monotonía y que el sonido que hacían quebraba mis intentos de inventarte o conocerte, no estoy seguro. Que mi lado de la cama estaba caliente pero que el otro estaba frío, y yo sabía que algo fallaba y que las sumas no me daban el resultado correcto. Que te veía por la calle y te saludaba, y tu no me reconocías y te girabas como si yo saludara a alguien que caminaba detrás de ti. Menudo sueño, ¿no?

Ella sonríe de nuevo en la oscuridad y le acaricia el cuello. Tras unos momentos en silencio, ella le susurra que no pasa nada. Y cuando él se relaja un poco con sus caricias, ella le pregunta:

- ¿Cómo me llamo?
- ¡Menuda pregunta! - le contesta. Y al instante se da cuenta de que no sabe la respuesta.
- Entiendes lo que eso implica... ¿verdad? - le susurra ella.
- Sí. No existes.

Y despierta.

19.8.10

Rutinas

Cruzar el paso de peatones con el mismo pie. Pasear en albornoz durante diez minutos. Esperar a ver gente con gafas de sol antes de ponerme las mías. Disfrutar de mis cuentas atrás de mentiras para salir de la ducha. Bajar por las escaleras mecánicas más alejadas del Corte Inglés y volver por las mas cercanas, mientras me pregunto si mi estupidez tiene un límite. Dormir con el aire acondicionado. Abrazar siempre los cinco minutitos más de sueño. Convencerme de que sólo es una copa. Escuchar música e imaginar infinitos. Mirar la inexorable cuenta atrás de los domingos por la noche. Hacer castillos en el aire con naipes de esquinas rasgadas. Escribir cuando los cantos de sirena suenan igual que las voces de las putas de las Ramblas. Rasgarme el alma en trozos para compartir las esquirlas de ideas que resuenan dentro de mí. Beber zumo de naranja hasta no poder más. Mirar parejas e imaginar hipótesis por las miradas que se dirigen. Contar coches rojos. Bajar y subir las persianas sin motivo aparente. Odiar y amar la lluvia, a partes iguales, según el lado de la ventana del que me encuentre y del lado de la sonrisa en el que me resguarde. Dormir siempre en la misma cama y mirar el hueco de la otra, sintiéndolo un abismo.

Mirar cosas que me recuerden a polillas.

20.3.10

Mire a donde mire...

Las Ramblas, muy pronto. Con sus borrachos a medio caer o a medio levantar (dependiendo de cómo veamos la botella de whisky) sentados en algunos portales. Con sus putas exóticas que simulan ser quien no son (y a las que se les ve el plumero a la legua). Con sus pakis, que a estas horas de la mañana han desistido de la venta de cervezas e incluso de la de comida, recurso que tan sólo los muy incautos pueden tomar en serio. Con sus puestos de flores, eternos, que me traen recuerdos de la infancia en los que paseando con mis padres por la rambla de las flores les acuciaba para llegar a la rambla de los animales, pensando ya en que me compraran un patito o una tortuguita con la que jugar con mi hermana. Con sus basureros de BCNeta, que soportan estoicos un escenario (el de cada día) en el que los que se levantan se avergüenzan de los que aún no se han acostado.

Y estas Ramblas huelen a sexo.

23.1.10

sonrisa de papel

Esquiva y tímida. Vislumbrada con un guiño de ojo. Burla espontánea, que hace sonreír a todo el que mire hacia ese lado. Gracia, frescura, desparpajo, en un acto tan cotidiano como fuera de lugar a estas horas de la mañana.

El metro para y la magia se apaga por unos instantes. Un idioma extraño que provoca parpadeos de estupor. Una sonrisa cómplice y las mismas bromas que dos paradas antes. Sacar la lengua, reír, arrugar la nariz.

"La chica más bonita que jamás he visto sujetando un Martini", me digo. Pero no llevas un Martini, y jamás nos conoceremos, y yo sonrío porque me has gustado durante diez minutos de trayecto, y tú sonríes, y tu sonrisa es de papel, y mi mirada es de cartón.

Me emociona ser consciente de que aún tengo ese músculo que late, justo cuando creía tener una piedra en el pecho. Es divertido, esto de sentir. Aunque sea durante unos minutos, y aunque sea una idiotez. Gracias, morena desconocida.

Me voy a dormir completa y profundamente satisfecho. Les dejo con la canción que me ha acompañado mientras escribía.

Sigur Rós - Njósnavelin (The Nothing Song)

3.10.08

apología de un hasta luego

"Alejarse es de cobardes."

Esta idea, demasiado extendida y demasiado medieval, debería desaparecer de nuestras cabezas. El alejarse de algo o de alguien no debe entenderse como una negativa o como un feo, ni como una huída ni una despedida. Alejarse debe estar asociado a ganar algo tan valioso como el oro, la vida, el agua o los abrazos: alejarse te hace ganar perspectiva. Los kilómetros de separación mental y/o física entendidos como un "me voy y luego vengo" son totalmente necesarios. Lo que ahora nos hiere, visto desde lejos, recapacitando sobre ello, asimilándolo en pequeñas y sencillas partes, se convierte en algo entendible. O mira, quizás no lo sea, pero la perspectiva lo convierte en totalmente relativo. Y ese mirar(nos) desde fuera convierte el camino de vuelta en un obstáculo salvable.

"Afrontar es de valientes."

Sí, embiste. Carga con todas tus fuerzas. Capea el temporal que zozobra barcos y quiebra mástiles, armado con el paraguas de la ingenuidad y la torpeza. Y una vez hecho, corrige todo lo dicho en cursiva cuando en realidad iba entre comillas, y intenta convertir en minúsculas lo que ladraste a gritos. Afrontar es de valientes, como ir a la cabeza del pelotón al cruzar el río Vietcong lo era en su momento, o como poner aquella mina bajo aquel tanque lo fue en la Segunda Guerra Mundial. La valentía entendida como osadía, como arriesgar, creyendo que el "quien no llora no mama" será aplicable a todas las situaciones que la vida nos arroje.

15.9.08

matemática básica (o de lo que aun queda para que nos entendamos)

Y sumando tus sonrisas y las mías, y restándoles tus berrinches y los míos, y añadiéndoles la raiz cuadrada de los abrazos que son más que abrazos.

Y dividiendo por dos los enfados y los puñales, y quitándoles el veneno de las frases que hieren, y multiplicando por dos besos que alguna vez fueron tan solo medio.

Es matemática básica. Y en estos instantes, aun me da negativo.

9.9.08

hueca

De vez en cuando vuelvo a acordarme de ti. Te veo desdibujada en los sitios más recónditos de mi mente, aquellos lugares a los que prefiero no ir nunca, no sea que me vea inmerso en un cruce de incómodos silencios conmigo mismo: lo mismo que cuando te encuentras al vecino que no soportas en el ascensor y los dos subís sin nada que decir pero con todo que echar en cara.

Suelo verte también cuando los párpados se me cierran, eco de cosas que a ratos creo que deseo, y a ratos tan solo quiero que no existan nunca. Son momentos de cruda dualidad, en los que tan pronto te quiero como te odio; tan pronto te necesito como me aburro de ti, de mi idea de ti, y de la profunda y sangrante intensidad con la cual te quiero y te rechazo.

Te huelo. Te siento. Te oigo entre susurros que me hablan de teorías que no llegan ni a eso y que siempre se quedan en hipótesis. Rotas. Rotas en múltiples pedazos.

Toda tu eres éter. Tu aliento, tu sonrisa de caramelo amargo, tus hombros trazados a compás, tu cuello en el que me perdería en horas de mordiscos, la curva de tu ombligo por la que mataría ejércitos de juguete, tus ojos infinitos, redondos, mentirosos, tu pelo que ahora es negro, largo y rizado, como antaño fue rubio, corto y liso (tan cambiante como lo han sido las mil ideas de ti que se te han ido sobreponiendo).

Estoy harto de haberte creado. De mentirme con mis "todo va bien" de las 4h de la mañana, cuando los ecos de mis penas rebotan contra las paredes de todas las culpables que te han hecho así. Harto de que muchas quieran ser tú, de que se hayan introducido en tu rol como si fuera un espíritu en pena al que resucitar, cuando la realidad es otra, y yo os la voy a decir: habéis profanado un traje de novia que un día creé en lo más profundo de mis entrañas. Que mimé con esmero, que cosí con ahínco, que esculpí molécula a molécula. Habéis sentido envidia y os habéis vestido con él en una burda imitación de un ensayo de bodas barato. Y cuando pasaban dos minutos de las doce habéis salido corriendo a por el pan en el horno que de golpe recordásteis haberos dejado. Y con cada huída, un rasguño en el traje.

Ahora solo me quedas tú. Te creía tangible. Y ahora te veo tal como eres. Acepto la realidad, y lloro hacia adentro lágrimas de cocodrilo, pues mi siguiente paso será devorarte. Tan solo eres un traje.

Hueca. Como yo.

11.8.08

del amor (XI) o de lo que deberías cantarme si me quieres para siempre.

Y sonaba La Habitación Roja, y te giraste hacia mí, y pronunciaste en mi oído esas palabras que me ataban para siempre (carne con carne, piel con piel y alma con alma):

"Mis ojos solo se abren para ti
mis manos son para tocarte
mis dias sueños que dicen adios..."

9.8.08

la fe (o de las cosas perennes)

He perdido mi fe en nosotros como especie.

Antaño era capaz de sentarme a pensar y observar, y encontrarle las bondades a las esquinas de todos los gestos, sonrisas, abrazos y movimientos de aquello que me rodeaba. Fueron días buenos en los que regalar confianza no era la transacción fría de esperar tranquilidad a cambio, sino un ejercicio de recibir bondad sin tener que moverse de la silla.

Fueron días felices, de caminar desarmado sin miedo a que el sheriff apareciera y sospechara de ti por tu aspecto de forastero. Nadie sentía la necesidad de disparar.

Ahora las cosas son diferentes. Ahora, salir a la calle implica buscar antes francotiradores en las terrazas de los edificios. Ahora, confiar implica saltar al vacío con los ojos vendados y sin poder clamar ayuda a gritos, esperando que surja de puro azar una mano que te sujete e impida que te hagas trizas.

Antes sabías a ciencia cierta que había una casa a la que volver a resguardarte cuando fuera el frío apremiaba; un hogar auténtico en el que el fuego crepitaba en la chimenea, el sofá esperaba de tu contacto, un perro aguardaba, manso y peludo, para calentarte los pies, y una sopa bien caliente y nutritiva permanecía en un rincón de la mesa. Ahora no hay casa. Ni fuego. Ni sofá. Ni perro. Y la sopa está helada y te deja un regusto amargo.

Cada gota que ha caído en estos últimos tiempos ha colmado su propio vaso. Cada frase lanzada por las buenas, cada sonrisa de veinte duros, cada mensaje vácuo, cada historia de dos días, cada polvo rápido y mal, cada diálogo de besugos, cada espalda que he observado marcharse, no han hecho más que zarandear la fe que siempre he tenido en ciertos pilares para mi inamovibles.

Me he estado equivocando.

¿Qué me queda? El vacío. el contentarme con tenerme, y gracias. El decir "zorra" ante el espejo no con mala idea o como insulto tangible, sino como válvula de escape y culpa para mis propios poltergeist de bolsillo.


Y en el recuerdo, la historia de otras tantas columnas vertebrales repasadas con el dedo. Contornos de mujer recorridos con el índice, cuando ellas dormían y yo observaba sus cuerpos, serenos, mágicos, casi etéreos, en las horas del día en que toda chica era aquella a la que yo había estado esperando. Sabiendo, a mi pesar, que todo acaba.

Y que al despertar de mis ensueños la rotunda espiral de la vida volvería a mostrar su pauta: tras todo hola siempre se esconde un adiós.

24.7.08

shhhh...

- Atrapa esa nube - implora él.

- Es imposible - le contesta ella. - Está demasiado alta.

- Atrapa esa sonrisa - le pide él.

- Es imposible - le dice ella. - Las sonrisas no tienen brazos que estirar ni piernas a las que hacer trabanquetas.

Él se remueve, intranquilo. La cosa no va bien, y en su corazón de niño las cosas son diferentes y funcionan sin necesidad de engrasarse.

Levanta la mirada de nuevo y dice:

- Caza para mi algún entremomento.

Ella le mira sin entender nada mientras se coloca bien el pelo tras las orejas, en un intento por controlar su larga melena. Sus grandes ojos fijos, marrones y verdes, clavan una interrogativa mirada a los del chico (negros azabache, sinceros, curiosos).

- ¿Y se puede saber qué narices es un entremomento? - le pregunta finalmente.

El chico sonríe para sus adentros. Sabe que ha capturado su atención, de la misma manera que una cámara Polaroid sería capaz de detener una mirada y reconvertirla en una eterna pregunta, tan larga como él desee y espere para responder. Coge una piedra y la lanza al río con un gracioso ademán. Le gusta sentirse el centro del mundo durante esos instantes, le hace sentirse importante para ella, le hace creer que realmente es dueño de su interés y sus interrogantes.

La chica, impasible, le repite la pregunta de nuevo en un tono al que se le pueden observar matices de impaciencia rasgada.

Finalmente, él le contesta:

- Esto. Esto es un entremomento. El espacio de tiempo que queda entre tu pregunta y mi respuesta, con ese matiz de algo que queda a medias. Es la bocanada de aire que coges cuando vas a decir algo y no lo dices, por miedo, por vergüenza, por apuro, por tener horchata en vena o hielo en sangre.

>> Es el beta entre un alfa y un omega. Es el vacío entre los puntos suspensivos de las frases con doble, incluso triple sentido. Es ese instante siguiente al momento en que que alguien dice "a" y la persona de la silla de al lado dice "e", y coinciden en el mismo segundo y se miran confundidos esperando que sea el otro el que mueva el álfil y el caballo.

>> Es la pausa durante la cuál alimento mi ego, esa pequeña parte de mí, herida, profunda, frágil, diminuta, en la que habito y coexisto con mis miedos; la pausa en la que finjo que importo y que te importo, y que mis heridas podrían ser las tuyas y las tuyas las mías.

>> Es el espacio de tiempo en el que la gota del rocío cae al suelo y tu percepción de ese lapso la convierte en interminable. Y cuando suena, casi imperceptible, y hace plink... se rompe el hechizo del entremomento.

La chica lo mira de otra manera. Y calla mientras él sigue tirando piedras al río. Y disfruta de los entremomentos sin decir nada que pueda estropearlo.

(Y cuando las hojas caigan al cabo de unos días, ya no seran tan niños).

12.7.08

puedo / no puedo

Puedo hacer como que las paredes son más interesantes. Puedo tener conversaciones banales en las que las palabras tabú abundan aquí y allá, salpicándolo todo de frases esquivas y retorcidamente vacías. Puedo jugar al no me importa y no me afecta. Puedo disimular que las piernas me tiemblan y los nervios me traicionan.

No puedo soportar el sentirte brillar como un faro. No puedo entender que hayas sido mía y que todo se haya desvanecido en una gris bruma. No puedo no sentir nada. No puedo aceptar tratos en los que mis ejércitos tengan que marchar en direcciones tan equivocadas. No puedo parar la hemorragia, que sangra, sangra, y sangra, y me deja hueco por dentro como lo estaría un niño pidiendo un helado y llorando durante horas, incomprendido. No puedo conjugar el verbo estar en pretérito imperfecto y cortarlo en dos como si fuera una sandía.

Esto es lo que puedo y no puedo hacer.

27.6.08

bla bla bla

Las palabras.

Imperfectas, esquivas, vagas y difusas. Confunden y llevan a interpretaciones tan dispares que no podríamos unir A con B ni que lo intentaramos con el Sagrado Cartagón de la Paciencia.

Las palabras.

Piezas incompletas de puzzle cuyos colores no llegan ni de lejos a mostrarte donde encajan. Y tú, armado con ellas y con tu ingenio, te propones completarlo aún cuando percibes que no tienes las suficientes para acabarlo.

Y si hubieras mirado antes la caja del puzzle (¡necio, orgulloso, infeliz!), sabrías que es un 1000 x 1000.



Dedicado a tod@ aquél/lla que me lee y no me escribe. Animáos, anda. Podría decirse que escribo para vosotr@s más que para nadie.

12.3.08

naranja pasado

- Por qué ese nombre?

- Cuál?

- Naranja pasado. No existe ese color.

- Porque tú lo digas.. para mí es más real que colores que no entiendo o que no veo, como el rosa palo o el blanco roto.

- Aún así, no tiene sentido.

- Sí lo tiene. Verás: el naranja pasado es el color naranja de las cosas que fueron. Es aquel matiz que tenían las paredes y el suelo y los árboles iluminados por las noches sencillas. Es la tonalidad entre clara y apacible de irte a dormir sin que nada te pinchara dentro, escuchando ese grupo de música que acababas de descubrir y saboreando en el fondo del paladar historias que no caducaban.

- No sé si acabo de entenderte.

- Eso es porque tu estabas allí, en aquel momento, de una manera en que ya no lo estás. Y mientras hablas conmigo en esta falacia de diálogo en realidad no existes. Sigues siendo el producto final de lo que sea que yo quiera que seas.

- Aha...

- Sí. Y en aquel entonces, cuando todo era de color naranja pasado, tu existias de manera más real que nunca. No te acuerdas?

- Me temo que no.

- Da igual. Que no lo recuerdes no lo hace menos real. Y todas aquellas noches contándote las pecas, y todos aquellos amaneceres de sonrisas y caricias en que la luz del sol se colaba por las rendijas de mi persiana medio rota, y tus quejas por despertarte con sexo cuando en el fondo los dos sabíamos que no eran ciertas. Todo eso sigue en mi mente, iluminado por los anocheceres viendo películas de seis minutos con diálogos que carecían de sentido, y planeando, entre risas, cómo ibamos a pasear por el centro a la mañana siguiente si llovía y sólo teníamos un paraguas. Y fuera, mientras tanto, ese color que tú finges que no existe. Naranja pasado.

- Todo esto que dices es muy bonito.

- Te equivocas, mi amor, te equivocas. Lo fue.

11.1.08

tú y yo

- He vuelto a soñar con aquello que te dije.
- No sé que significa.
- Nada bueno, de hecho. Pero esta vez había un matiz diferente. Al final todo acababa arreglándose, y tú me sonreías desde la esquina contraria de la habitación, y follábamos como cuando nos conocimos.
- ¿Y qué tiene eso de malo?
- Todo.

31.12.07

Póker

Y que pongas tus cartas sobre la mesa, me mires a los ojos y que éstos pronuncien lo que tus medias caras tristes vienen contando en los corrillos de todas las porteras.

Y que yo deje de ir de farol aun cuando no queda nadie más que se atreva a lanzarse y verlo. Sin que me haga falta pasarme las noches en vela y las mañanas llenas de pena intentando aprenderme de memoria la diferencia entre una escalera real y un póker de ases.

Eso mismo opino yo. Etcétera.




(Feliz año nuevo a todos los que me leen y aún resisten)

17.12.07

wings

Entré a desgana, despidiéndome con tristeza de las grises siluetas de edificios lejanos, perfilados tan solo por la luz de un amanecer triste. Imaginándome, tonto de mí, que podía entrever el tuyo a aquella distancia y bajo aquella oscuridad.

Me tocó ventana, como en el trayecto de ida. Aunque las diferencias con aquellos momentos eran más que evidentes. Recuerdo esa llegada a Barcelona y como los astros parecían haberse unido para hacer de aquellos días algo perfecto e inolvidable. Te recuerdo a ti en la salida de la terminal, con aquel cartelito enorme y pintado en rosa, y como saltabas y dabas grititos sin importarte toda esa gente mirándote. Mi sensación de ridículo se veía superada por la alegría que me saltaba del pecho al ver las letras de "I LOVE YOU CARLOS" en aquellos colores chillones y absurdos, y al verte puesta esa camiseta que yo te diseñé para celebrar nuestro año juntos. Las personas que te rodeaban no parecían verle la gracia a la situación. Bah, en Sevilla la gente al menos hubiera sonreído...

Aquel mediodía soleado de la Barcelona de hace unos días se me antojaba, día de mi vuelta, como un panorama de cuento, una situación inverosímil e inventada, a años luz de lo que sentí al llegar.

Quizás fue porque a media tarde del sábado se acabó nuestra partida. Pintaste mis sueños de gris y negro y colgaste mi corazón en el tendedero de tu patio interior, con unas pinzas desgastadas de madera, para que no se pudiera mover. Y lo que yo hice fue preguntarme en silencio cómo lo iba a hacer, a estas alturas, para volver a la casilla de salida sin cobrar las veinte mil.


Una vez alzado el vuelo se me ocurrió mirar por la ventana. Allí en el horizonte, donde los rayos del sol le hacen el amor al agua, podía leer con caracteres cursivos todo lo que me dijiste hace tiempo. Todas aquellas historias sobre el querernos para siempre, el tenernos el uno al otro. Historias sobre hacer la lista de la compra siempre juntos, y que tu vida y la mía estuvieran para siempre entrelazadas. Es una lástima que justo al virar el avión, el borde de las alas cortara ese horizonte de letras antaño profundas, y ahora tan solo papel mojado.

15.10.07

elijo A cuando quiero B

Hoy le ladro a la pena y la soledad. ¿Sabes? a veces tomar decisiones correctas es lo peor que uno puede hacerse.

Hace unos días decidí que A. Pensé largo y tendido cual sería la opción que doliera menos, y esa era B. Pero claro, a veces lo sencillo a corto plazo no tiene porqué ser lo más sensato a largo plazo.

Ayer finalmente hice A. Y con la pena dentro, seguí mirando la tele en un sitio que no era el mío, en un sofá que no era el mío y durmiendo en una cama que durante unas horas sí que fue nuestra. Y ese olor a nosotros ha sido la nana que me ha arropado.

Qué frías pueden ser las noches, las mañanas, y los despertares.

Hoy volvía del aeropuerto. Fuera hacía el mismo sol que en el planeta del que partí a las ocho. Pero dentro de mí, A se removía como un postre a medio digerir, estirando las terminaciones nerviosas de mi cerebro y diciendole que de sol nada, que las nubes amenazaban tormenta y que esta vez no era una lluvia de la que repiquetea en los cristales y te adormece.

Al llegar a casa B ha intentado volver a mi mente. Y al sentarme al ordenador y mirar el horizonte a través de la pantalla apagada, A ha cobrado fuerza tímidamente.

He escrito un mensaje, y he llorado como un niño. Qué imbécil.



Ayer por la tarde, entre risas, toallas, bocadillos y bellotas, hablaba contigo de la química del cerebro. Y hoy esa misma química me devuelve la pelota. Pues aunque no seamos más que carne, hueso y sangre, las agujas de la vida siguen pudiendo atravesarnos.

Elijo A. Y lloro.

20.8.07

Encántame...

En Barajas hace calor.

Sentado aquí, esperando a que los minutos se sucedan, escribo sobre la vida y sobre lo que me rodea, armado tan solo con mi MP3 y el boli inyección que tú me regalaste.

El panel que anuncia conexiones de vuelos parpadea y cambia cada dos minutos, y los viajeros que esperan se levantan en aluvión, impacientes, para saber si ya se anuncia su puerta de embarque. Contemplan la pantalla esperanzados, y se vuelven a sentar. Y repiten la misma danza, una y otra vez, coreografía triste de tarde de domingo en un aeropuerto que para muchos de ellos solo es de paso. Un turista alemán, rubio de ojos claros (supongo que por aquello de no saltarse la norma aria) repite el trayecto de rutina al panel y vuelve con la misma cara de tonto con la que levantó.

Impaciencia terminal, debería llamarse.

(Y yo repito su trayecto, y la columna que marca el embarque sigue indicando que no tengo puerta asignada).

Dentro de esta nueva terminal la gente parece diferente. Movida por un régimen de horas y minutos tan cerrado la gente parece tranquilizarse y moverse al ralentí. Ese hombre de la maleta roja, sin ir mas lejos, pasea perdido en sus pensamientos, mirando cada rincón como si se encontrara en la Acrópolis de Atenas. Veo como se para un instante y contempla el techo de la terminal, donde una serie de olas de madera y aluminio amarillo imitan de alguna manera el mar ondulado. No, aquí no hay playa.

Una sucesión de americanas negras, corbatas negras y zapatos negros, fotocopias unos de otros, me hace salir de mi enmimismamiento.

Qué curioso... Pareciera que con un día tuviste suficiente para pegarme tu manía de mirar al infinito sin parpadear.

"Encántame o teu sorriso", pienso.

Y entre carritos de maletas, los aviones, el sol poniéndose y los turistas con sombrero de vaquero, me abstraigo de ese pequeño rincón de pena que me traigo de souvenir.

Hasta luego.

26.5.07

el principio de ti en mí, o del amor (IX)

Me reconforta volver a hablar de ti. Supongo que, inevitablemente, nunca desapareces del todo.

Sabes? es curioso el efecto que siempre has provocado en mí. Sin darme cuenta surge de la nada ese pensamiento, ese cosquilleo, y tengo que levantarme de la cama y escribir sobre aquello que me haces sentir.

Te quiero. Desde la primera pelea que tuvimos. Un tuya mía que empezó como un juego de quien puede más. Y siempre recordaré cómo se me hizo trizas el corazón cuando de tan triste volcaste la primera lágrima. En aquél momento,de habérmelo pedido, hubiera abierto el cielo en dos por una sonrisa pilla de las tuyas. Cuando conseguimos arreglarlo nuestro beso fue bisiesto.

Te quiero. Desde la primera vez que te penetré. No recuerdo en qué momento creí que me iba a desmayar. Gemías dulcemente y me pedías que siguiera. Y aquella erección palpitante, molesta de tan dura era, nos sumió en una montaña de sensaciones. No hubiera habido manera de diferenciar nuestros cuerpos si un dios cruel hubiera intentado separarnos. Durante horas tu sudor y el mío se mezclaron, y te demostré que el deseo puede hacer arder las sábanas y la médula.

Te quiero. Desde la primera sonrisa que me dedicaste. Cuando estando allí sentados (lo recuerdas?) sonó aquella canción que te gusta tanto. Y en la desvencijada mesa de aquel bar no había otra chica que no fueras tú. Ni otra boca que no fuera la tuya. Sonreiste mientras tarareabas y el corazón se me desbocó. Bien pudiera haberse oído sobre el estruendo de las otras mesas y las de nuestros amigos hablando.

Te quiero. Desde la primera vez que rocé tu piel. No te diste cuenta de que con aquél gesto de coger tu bolso de la silla me tocaste sin querer la mano. Y con todo el vello erizado y calambres eléctricos en la espalda, te conté uno de esos chistes vacuos. Qué malo, me dijiste girándote. Y yo te quise aún más por lo espontáneo de tu desaire.

Te quiero. Desde el primer beso de chicle que me diste. Rápido, sin importancia, te giraste ante una de mis bromas grises y tu boca y la mía se abrieron, tu lengua y la mía se encontraron y todo se detuvo. Sabor a zumo de naranja y a triunfo, sabor a horas de hipótesis de como sería, sabor cálido y blanco. Un beso de un segundo tras el cuál seguiste bailando con tus dos amigos.



Todo se mezcla en mi cerebro. Como si aún siguieras sin existir. Y sin embargo, te quiero, mi desconocida.

15.8.06

Tan...

Tan cerca, y tan lejos a la vez. Tan frágil y a la vez tan petrea.. otrora pensaba que eras translúcida, y ahora no eres más que fría superficie opaca sobre mueble negro.

Tan dulce y tan amarga.. cruel aguamiel transformada en salitre del que se adhiere a los cuerpos.

Y que me llames misógino no dista tanto de una realidad que tú - vosotras - me habéis hecho adoptar.

No merece la pena. Independientemente de quien seas...

(Y Sigur Rós con su canción número ocho del disco sin nombre ponen coros a los pensamientos de un borracho triste... besos).