- Atrapa esa nube - implora él.
- Es imposible - le contesta ella. - Está demasiado alta.
- Atrapa esa sonrisa - le pide él.
- Es imposible - le dice ella. - Las sonrisas no tienen brazos que estirar ni piernas a las que hacer trabanquetas.
Él se remueve, intranquilo. La cosa no va bien, y en su corazón de niño las cosas son diferentes y funcionan sin necesidad de engrasarse.
Levanta la mirada de nuevo y dice:
- Caza para mi algún entremomento.
Ella le mira sin entender nada mientras se coloca bien el pelo tras las orejas, en un intento por controlar su larga melena. Sus grandes ojos fijos, marrones y verdes, clavan una interrogativa mirada a los del chico (negros azabache, sinceros, curiosos).
- ¿Y se puede saber qué narices es un entremomento? - le pregunta finalmente.
El chico sonríe para sus adentros. Sabe que ha capturado su atención, de la misma manera que una cámara
Polaroid sería capaz de detener una mirada y reconvertirla en una eterna pregunta, tan larga como él desee y espere para responder. Coge una piedra y la lanza al río con un gracioso ademán. Le gusta sentirse el centro del mundo durante esos instantes, le hace sentirse importante para ella, le hace creer que realmente es dueño de su interés y sus interrogantes.
La chica, impasible, le repite la pregunta de nuevo en un tono al que se le pueden observar matices de impaciencia rasgada.
Finalmente, él le contesta:
- Esto. Esto es un entremomento. El espacio de tiempo que queda entre tu pregunta y mi respuesta, con ese matiz de algo que queda a medias. Es la bocanada de aire que coges cuando vas a decir algo y no lo dices, por miedo, por vergüenza, por apuro, por tener horchata en vena o hielo en sangre.
>> Es el beta entre un alfa y un omega. Es el vacío entre los puntos suspensivos de las frases con doble, incluso triple sentido. Es ese instante siguiente al momento en que que alguien dice "a" y la persona de la silla de al lado dice "e", y coinciden en el mismo segundo y se miran confundidos esperando que sea el otro el que mueva el álfil y el caballo.
>> Es la pausa durante la cuál alimento mi ego, esa pequeña parte de mí, herida, profunda, frágil, diminuta, en la que habito y coexisto con mis miedos; la pausa en la que finjo que importo y que te importo, y que mis heridas podrían ser las tuyas y las tuyas las mías.
>> Es el espacio de tiempo en el que la gota del rocío cae al suelo y tu percepción de ese lapso la convierte en interminable. Y cuando suena, casi imperceptible, y hace
plink... se rompe el hechizo del entremomento.
La chica lo mira de otra manera. Y calla mientras él sigue tirando piedras al río. Y disfruta de los entremomentos sin decir nada que pueda estropearlo.
(Y cuando las hojas caigan al cabo de unos días, ya no seran tan niños).