20.8.12

de los deseos.

Deseo viajar lejos, vivir en otra parte, poniendo en la maleta un saco de borrones y cuentas nuevas y aprendiendo desde cero rutinas que nadie te explica. Deseo volver a aparecer en un pueblo perdido en Cuba y compartir canciones, historias y mojitos con familias que te dejan marcado. Deseo momentos de conexión con gente desconocida pero cómplice. Deseo silencios en determinados momentos en los que lo más bonito que se podría decir ya se ha expresado en gestos, miradas, o sudores de piel dentro de piel. Deseo mojarme de nuevo bajo la lluvia en Tokio y deslizarme entre esa marea de paraguas transparentes. Deseo bullicio, y extender mis brazos en forma de cruz, y que la gente pase y los toque, como una marea infinita de brazos, hombros, codos, a los que pasar revista con los dedos. Deseo aquellas calles del centro de London en las que pasabas desapercibido y eras una gota más de las multitudes atareadas. Deseo abrir los ojos en algún lugar que no salga en los mapas, y que todo sea de color verde. Deseo volver a estar en conciertos entre la gente que me importa y compartir sentimientos que a ratos creo que he olvidado. Deseo estar presente en muchas fotos que veo. Deseo poder teletransportarme en el espacio y en el tiempo. Deseo dar la mano a alguien y que ese gesto provenga de dentro de mí. Deseo labios que no puedo tocar, ojos que no puedo mirar y cinturas que no puedo sujetar. Deseo pasar frío en un camino desierto en Islandia. Deseo despertar un día, mirarme al espejo, y dejar de sentir ese revoltijo del estómago que indica que mi cubo de los deseos sigue aún lejos de empezar a vaciarse.

Pero ante todo, deseo.

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